Viajar en transporte público en tiempos de coronavirus

El transporte público es la mejor opción para desplazarse al lugar de trabajo. Sin embargo, en una época tan incierta como la actual en la que el coronavirus nos acecha continuamente, es lógico que nos sintamos preocupados y podamos verlo como un lugar de contagio.

En este sentido es importante conocer las medidas adoptadas como prevención, además de apelar a la responsabilidad individual de los ciudadanos, clave para frenar la expansión del Covid-19.

Beneficios de ir en transporte público

Aunque evidentemente es preciso valorar las circunstancias concretas de cada persona, son muchas las ventajas de utilizar el transporte público para ir a trabajar, tanto a nivel colectivo como individual.

  • Contribuye a la descongestión de las vías públicas: los colapsos diarios a la hora de trabajar son el pan nuestro de cada día, tanto en ciudades grandes como pequeñas. Por tanto, esta es la alternativa idónea para mejorar la movilidad urbana y evitar en gran medida las retenciones y atascos.
  • Soluciona problemas de aparcamiento: además de no tener que depender de que haya o no plazas libres es una manera de facilitar el aparcamiento en zonas saturadas a otras personas que realmente lo necesiten.
  • Apuesta por la sostenibilidad: todos somos responsables de vivir en un entorno saludable y el transporte público es la alternativa más ecológica para los desplazamientos que no se puedan hacer en bicicleta o andando, ya que la emisión de gases es mucho menor que la del automóvil.
  • Conlleva un importante ahorro de dinero: usar el transporte público resulta más barato que el vehículo privado, ya que a los gastos del propio automóvil hay que sumar su mantenimiento, seguro, aparcamiento y combustible.
  • Evita situaciones de estrés innecesario: por lo general, desplazándote en transporte público llegas a tu destino sin complicaciones con lo que evitas situaciones de nervios y angustia. Eso sí, no hay que olvidar que en hora punta se concentra un mayor número de trabajadores así que hay que ser previsor y salir siempre con tiempo.
  • El ahorro de tiempo que implica puede ser aprovechado para leer, escuchar música, mantenerte informado, actualizar tus redes sociales o ponerte al día con los podcasts que tienes pendientes.
  • Te mantiene activo: aunque no vayas andando al trabajo, con el transporte público te aseguras una actividad física regular. Desplazarte de tu casa hasta la parada y posteriormente a la oficina, sumado a las escaleras que te encuentras por el camino (si evitas las mecánicas mejor que mejor) tienen como resultado más pasos diarios que si fueras de garaje a garaje. Todo cuenta.
  • Desconectar: no tener que estar pendientes del tráfico o el carril bici propicia que puedas concentrarte en tus pensamientos, mirar por la ventana o simplemente observar a tu alrededor. Sin duda, se trata de un momento de pausa antes y después de acabar la jornada laboral que te vendrá muy bien.

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Medidas para reducir el contagio

Pese a todos los beneficios que supone desplazarnos en transporte público al trabajo, es lógico que actualmente nos preocupe hacerlo, especialmente porque se trata de un espacio cerrado repleto de gente desconocida.

A estas alturas, todos tenemos claro que seguir los consejos de salud pública es vital para reducir significativamente el riesgo de contagio. La mascarilla, el gel hidroalcohólico y la distancia interpersonal se han convertido en los tres símbolos de esta lucha.

En cuanto al uso de los medios de transporte públicos hay otras medidas que hay que poner en práctica como son:

  • No utilizarlo en caso de tener síntomas, haber dado positivo o estar esperando el resultado.
  • Igualmente, evitar el transporte público en la medida de lo posible si se pertenece a un grupo de riesgo.
  • Evitar pagar en efectivo y utilizar preferiblemente las máquinas expendedoras y el pago con tarjeta bancaria.
  • Procurar hablar lo justo con otros usuarios o por teléfono, así como comer.
  • Hay que tratar de mantener la distancia social en las colas y en los vagones o autobuses. También hay que dejar espacio suficiente para subir y bajar. 
  • Respetar las indicaciones de los accesos de entrada y salida.
  • Prestar atención a la señalización, a los avisos por megafonía y a las indicaciones de los conductores y del personal de seguridad. 
  • Permanecer en la estación el tiempo imprescindible.

Elegir el medio de transporte

Para analizar en qué medio de transporte te compensa más desplazarte, resulta útil valorar la ventilación con la que cuenta. Por ejemplo, para que te hagas una idea, en el metro la ventilación empuja el aire de forma horizontal y sus filtros tienen menor rendimiento que el de los aviones.

De igual manera puedes tener en cuenta cuánto se habla y a qué volumen. Los ambientes ruidosos donde la gente tiende a acercarse para oír mejor, tienen mayor riesgo que los espacios silenciosos.

 

Circulando por la estación

Hay una serie de acciones que puedes llevar a cabo para facilitar los desplazamientos que realizas andando por las estaciones, como por ejemplo, evitar bajar y subir por las escaleras mecánicas, normalmente con más tráfico. Además, subiendo a ciertos vagones te bajarás exactamente en el punto de la plataforma donde se encuentra la salida, con lo que ganas unos metros de ventaja frente al resto de viajeros.

Dónde sentarse

Un estudio reciente en China analizó cuánto afecta la proximidad en los asientos en los trenes para el riesgo de transmisión. De él se extrajeron conclusiones como que sentarse en la misma fila en el modelo de tren que estudiaron (interurbano de alta velocidad) era la opción que más riesgo conllevaba. Los investigadores también señalaron que en esta consideración pudo influir el hecho de que la gente que se sentaba cerca tenía más probabilidades de ser contactos directos.

 

En cuanto a los viajes más largos, el estudio concluyó que incrementaban el riesgo de contagio, especialmente a partir de las dos horas. Por el contrario, algo tranquilizador fue el hecho de que se ha descubierto que sentarse en el mismo asiento que alguien contagiado no incrementó significativamente el riesgo de enfermar.


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