Llega el verano ¡prepárate! evita que el calor afecte al trabajo

 

Todavía no hemos dado la bienvenida al verano y ya hemos sufrido la primera (que no la última) ola de calor de la temporada. Si bien las temperaturas extremas nunca son beneficiosas para la salud, el calor tampoco lo es para el desarrollo del trabajo diario.

La apatía, la falta de motivación, la fatiga y los numerosos problemas para concentrarse son algunas de las consecuencias que también pueden afectar al día a día. A continuación mostramos varios remedios para que sea más llevadero el calor, aunque no llegue a la categoría de “ola”.

 

La temperatura adecuada

Precisamente las temperaturas veraniegas son uno de los factores con más peso a la hora de mermar la productividad. Ante demasiado calor es difícil mantener el nivel de trabajo y rendimiento habituales. Pero la solución no pasa por apostarlo a todo al aire acondicionado, ya que demasiado frío podría ser la causa de caer enfermo.

Al estar sentados frente al ordenador durante mucho tiempo seguido es fácil quedarse frío sin darse cuenta. Un primer estornudo es una llamada de atención del organismo ante la que hay que actuar. Establecer la temperatura correcta en la oficina es esencial pero ¿cuál es? La temperatura ideal está entre los 24°C y los 26°C.

 

Hacer frente a la falta de concentración

Según un estudio de la Universidad de Harvard, una temperatura demasiado elevada disminuye el rendimiento de los profesionales mientras realizan su trabajo. Se concentran menos pero se fatigan más. Los datos son claros. Por encima de los 21°C empieza a detectarse una disminución en el rendimiento y ésta se acelera a partir de los 32°C, convirtiéndose en drástica si supera los 38°C.

De hecho, algunos estudios han calculado que por cada medio grado de más disminuye un 1% el rendimiento en el trabajo. Conclusión: la sensación de concentrarse menos en días de calor es real.

Si un buen descanso es importante para evitar las distracciones y concentrase mejor, para hacer frente al calor y sus consecuencias será recomendable garantizarlo. Además, hay que procurar hacer alguna pausa mientras se trabaja a fin de estirar los músculos, despejar la mente y evitar la somnolencia que suele acompañar al calor.

 

Encontrar el equilibrio en la forma de vestir

Vestir en verano puede ser relativamente sencillo, salvo si tienes que ir a trabajar en una oficina. Mantener una imagen adecuada y profesional parece estar reñida con las prendas de verano. Por mucho calor que haga, si se desarrolla el trabajo en una oficina se debe vestir siempre con la ropa adecuada y mantener las formas. No se debe acudir en pantalones o faldas muy cortos, camisetas deportivas sin mangas y, por supuesto, en chanclas.

En realidad, lo más fácil es seguir vistiéndose con sentido común manteniendo la coherencia pero sustituyendo los tejidos más gruesos por otros más ligeros, frescos y que transpiren mejor.

En este sentido el azul marino se posiciona como el nuevo negro, y vuelven con fuerza los tonos claros y frescos como blanco, beis, azules y rosas. Vestidos de estilo clásico, faldas de vuelo ligeras y americanas de tejidos son otros de los imprescindibles.

Para evitar las consecuencias del aire acondicionado, resulta muy útil tener una prenda tipo chaqueta de punto a mano para evitar resfriados inoportunos.

 

Beber con frecuencia

Los días de calor intenso obligan al cuerpo humano a un esfuerzo de adaptación para mantener la temperatura corporal adecuada. Este esfuerzo es mayor durante una primera ola de calor ya que el cuerpo aún no está acostumbrado a las altas temperaturas.

Sin embargo, también hay que estar atentos cuando el calor continúa durante varios días, en el caso de noches muy cálidas, o cuando hay mucha humedad y nada de viento.

Debe beberse agua con frecuencia, zumos de frutas, refrescos o bebidas isotónicas, aunque no se tenga sed. Las bebidas isotónicas están especialmente indicadas en el caso de los deportistas o si existe alguna enfermedad gastrointestinal. Se recomienda evitar el alcohol, los refrescos azucarados o con teína porque favorecen la deshidratación.

Lo ideal es beber poco a poco pero frecuentemente, más que mucho pero de forma espaciada. Tener una botella de agua a mano mientras se está trabajando es la mejor manera de recordarlo y ponerlo en práctica.

 

Evitar los problemas de salud

Los problemas de salud asociados a las altas temperaturas pueden evitarse con medidas muy sencillas. El Ministerio de Sanidad recomienda las siguientes:

  • Beber mucha agua o líquidos sin esperar a tener sed, salvo si hay contraindicación médica. Evitar las bebidas alcohólicas, café, té o refrescos hipercalóricos.
  • En los días de intenso calor es necesario buscar lugares frescos y en sombra, y si es posible pase al menos dos horas en algún lugar climatizado.
  • Bajar las persianas evitando que el sol entre directamente. No abrir las ventanas cuando la temperatura exterior es más alta. Evitar usar máquinas y aparatos que puedan producir calor en las horas más calurosas
  • Hacer comidas ligerasque ayuden a reponer las sales perdidas por el sudor (ensaladas, frutas, verduras, gazpachos o zumos). Gourmet a domicilio sigue siendo una estupenda opción porque nunca fue tan cómodo comer en la oficina o en casa.
  • Evitar las actividades en el exterioren las horas más calurosas, sobre todo si las actividades son intensas.
  • Si tiene que permanecer en el exterior procurar protegerse del sol, estar a la sombra, usar ropa ligera de color claro y un calzado fresco, cómodo y que transpire.

La exposición al sol junto al calor excesivo puede causar diversos efectos sobre la salud de diferente gravedad, tales como erupción en la piel, edema en las extremidades, quemaduras solares, manchas en la piel, lesiones oculares, cáncer de piel, calambres musculares, deshidratación o agotamiento por calor, entre otros.

Uno de los efectos más graves de la exposición a situaciones de calor excesivo es el golpe de calor. Los síntomas principales son: calor, sequedad y piel roja, náuseas y vómitos, pulso rápido, dolor intenso de cabeza, confusión y pérdida de conciencia. Ante la presencia de estos síntomas hay que contactar rápidamente con el servicio de emergencias llamando al 112.

La temperatura tiene un impacto directo en el organismo. Por tanto, debe cuidarse este aspecto para que el verano se convierta en un aliado y no en un enemigo.

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¿Preparando tus vacaciones de verano?

El verano es sinónimo de desconexión, aire libre, sol, diversión, agua, mar y descanso. Pero también, muy a nuestro pesar, de quemaduras solares, deshidratación y golpes de calor. Para disfrutar de esas vacaciones tan merecidas sin ningún percance que las emborrone, es importante tener en cuenta una serie de pautas.

 

Piel a salvo

Aunque se tenga muchas ganas de sol hay que estar alerta y preparar la piel para sus radiaciones. El uso prolongado de la mascarilla ha propiciado que una determinada parte del rostro no haya estado expuesta a ella, estando por lo tanto más sensible.

El sol es esencial para la vida. Interviene en distintos procesos fisiológicos del ser humano, como en la síntesis de la vitamina D, y además actúa mejorando algunas enfermedades de la piel. Pero también tiene una cara B: sus efectos negativos para la salud que pueden derivar bien de una exposición intensa (quemaduras de la piel y lesiones oculares), o de una exposición crónica (envejecimiento, manchas y cáncer de piel.

Ante la llegada del verano, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) promueve una exposición solar segura.

  • Evitar la exposición solar entre las 12 y las 16 horas extremando las medidas protectoras en las actividades al aire libre.
  • La exposición excesiva al sol es un peligro importante para la salud. Ningún protector solar ofrece protección total frente a los riesgos derivados de la radiación solar.
  • Utilizar un protector solar que proteja al menos frente a la radiación UVB (frecuentemente indicada como FPS) causante de las quemaduras solares; y UVA, principal responsable del envejecimiento prematuro de la piel.
  • Elegir un protector solar adecuado para cada tipo de piel o zona del cuerpo, teniendo en cuenta el fototipo de la piel, la edad y las circunstancias de la exposición solar.
  • Emplear un FPS más alto en las primeras exposiciones.
  • No utilizar protectores solares que estén abiertos desde el año anterior.
  • La protección de los labios debe hacerse con lápices o barras fotoprotectoras y la del cabello con productos específicos.
  • Hidratarse bebiendo agua con frecuencia y aplicarse una crema hidratante tras la exposición al sol.

 

Atención a la vista

No sólo la piel sufre las consecuencias de las radiaciones solares sino que los ojos también son especialmente sensibles a sus efectos. Por este motivo, debe tomarse en serio la elección de unas gafas con unos buenos cristales convenientemente testados y homologados que cuenten con los filtros adecuados, tanto para la radiación infrarroja como para la ultravioleta. Así, los ojos estarán protegidos para evitar conjuntivitis, degeneración de la retina o una aceleración de las cataratas.

Por último, hay que señalar que la luz del amanecer y el atardecer también son perjudiciales para los ojos, con lo que hay que llevarlas siempre puestas también en estos momentos. La razón es que con el sol más bajo los rayos penetran más horizontalmente en el globo ocular.

Prevenir las intoxicaciones alimentarias

Si hay un clásico que puede hacer peligrar las vacaciones, esas son las intoxicaciones alimentarias. Estos procesos están causados por la ingestión de distintas bacterias y sus toxinas, por virus o por parásitos. Ejemplos de infecciones serían la salmonelosis y la hepatitis A; de intoxicaciones el botulismo y la gastroenteritis por enterotoxina estafilocócica; y de parasitosis, la triquinelosis y la anisakiasis.

Los meses de verano constituyen una época especialmente crítica, porque las altas temperaturas favorecen el desarrollo de microorganismos. Asimismo, en esta época hay una mayor tendencia a comer fuera de casa y es más probable que no se mantengan los alimentos a las temperaturas adecuadas.

Las reglas de oro a tener en cuenta

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) recomienda tomar unas sencillas precauciones para evitar numerosas enfermedades provocadas por una inadecuada manipulación o conservación de los alimentos.

  • Asegurar una correcta higiene de la persona que va a manipular los alimentos. La persona que manipule alimentos, debe observar unas estrictas prácticas higiénicas. Es imprescindible que tenga las manos siempre limpias, que las lave cada vez que haga falta y siempre que haga uso del servicio.
  • Garantizar una limpieza adecuada en todas las superficies de la cocina. Las superficies donde se manipulan los alimentos así como los utensilios de cocina, deben mantenerse limpios. Se debe tener especial cuidado en almacenar la basura en recipientes lisos, lavables y cerrados y que estos no se encuentren cerca de los alimentos.
  • Cocinar correctamente los alimentos de origen animal. La temperatura a la que debe someterse el alimento debe ser suficiente para que este alcance un mínimo de 70 °C en el centro del producto, al menos durante 2 minutos.
  • Consumir los alimentos inmediatamente después de ser cocinados. Evitar dejar los alimentos cocinados a temperatura ambiente. Los alimentos que no puedan ser consumidos inmediatamente o las sobras que se quieran guardar, deben mantenerse bajo la acción del calor, por encima de 60 °C, o del frío, a 5 °C como máximo.
  • Evitar el contacto entre los alimentos crudos y los cocinados. Un alimento cocinado puede volver a contaminarse. El trapo de cocina, los cubiertos, las tablas o la bayeta pueden ser un excelente vehículo de contaminación. Es preferible usar papel de cocina.
  • Mantener los alimentos fuera del alcance de insectos, roedores y animales de compañía. No hay que olvidar que los animales pueden ser portadores de gérmenes patógenos y parásitos que originan enfermedades de transmisión alimentaria.
  • Utilizar exclusivamente agua potable. El agua potable no es sólo imprescindible para beber, sino también para preparar los alimentos. Las aguas envasadas o aguas de la red pública de distribución en la población son potables.
  • No consumir alimentos perecederos que estén expuestos a temperatura ambiente. En bares, cafeterías o restaurantes todos los alimentos perecederos deben estar protegidos por vitrinas y conservados en condiciones sanitarias adecuadas. Deben estar refrigerados siempre que sea preciso.

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