Aprende a relativizar y vivirás mejor

¿Cuántas veces has escuchado ese de relativizar las cosas? Según muchos, el secreto para poder tener una vida más tranquila o armoniosa reside sobre todo en aprender a hacerlo.

 

El cristal con que se mira

Relativizar no es sinónimo de ignorar los problemas, sino de darles la importancia que de verdad tienen. Al final todo es cuestión de actitud. No consideramos la felicidad por lo que nos va sucediendo sino por cómo nos tomamos los hechos en sí. De ahí, que lo que sea minucia para una persona se convierta en un auténtico drama para otra.

En este sentido, el lenguaje es clave. Para muchas personas los problemas no existen, son inconvenientes, imprevistos o circunstancias a resolver. Es, en definitiva, una manera de entender la realidad.

 

El aburrimiento, mal aliado

Si bien es cierto que estar aburrido potencia la creatividad, en términos de relativizar las cosas podíamos considerarlo un potencial enemigo. ¿Por qué? Porque la mente necesita estar ocupada.

Cuando no tienes obligaciones, tareas o personas que demandan tu atención, es fácil darle vueltas a la cabeza y divagar hacia ningún lado. Esos pensamientos terminan por saturar, lo que comúnmente conocemos como ‘hacer una montaña de un grano de arena’.

Desahogarse verbalmente ante una contrariedad o imprevisto es sano y lógico. Pero hay que actuar. El modo pasivo no te aportará nada más allá de lamentos y quebraderos de cabeza. ¡Pasa a la acción!

 

Dejarlo estar

En el contexto laboral, cuántas veces recibimos una noticia inesperada, una reunión de última hora o un cambio de enfoque que echa por tierra muchos de nuestros esfuerzos.

Haciendo acopio de una gran fuerza de voluntad, es mejor que dejemos reposar nuestros pensamientos y acciones durante unos minutos. Hacer la pausa del café, ir al baño, mirar por la ventana o charlar con un compañero ayudarán a poner distancia y mitigar la primera reacción.

La ansiedad aparece en momentos de tensión, muchas veces inevitables. Disfrutar de un estilo de vida saludable, organizarte con tiempo, fomentar relaciones sociales sanas, evitar pensamientos negativos, aceptar los momentos menos buenos y ser consciente de que el día tiene 24 horas son algunas de las recomendaciones más efectivas para ganarle la partida.

Respirar profundamente es una de las técnicas de relajación más sencillas y efectivas que existen. Cuando pienses que todos tus problemas son lo único y lo más importante de la vida, respira. Acompáñalo del pensamiento de que realmente lo único que no te permite vivir es dejar de respirar. Eso es lo más importante. Después ya puedes volver a pensar en cómo resolver esa situación complicada. Respirar es lo verdaderamente fundamental.

 

Cambiar la perspectiva

Analiza el problema desde fuera. Si fuera un amigo el que se encontrara en esa situación ¿lo verías de la misma manera? ¿Qué consejo le darías?

Otra técnica que funciona es la de la película. Imagínate que estás en el cine viendo un estreno. El personaje principal vive (curiosamente) una situación similar a la tuya. Analiza su/tu reacción. ¿Es desproporcionada en relación al problema? ¿Crees que podría enfocarlo de otra manera? Si haciendo este ejercicio te percatas de que no es tan importante, habrás conseguido quitarte un peso de encima.

Generalmente, cuando se trata de temas nuestros solemos tender a magnificarlos. Pensamos que se trata de algo muy urgente que no puede esperar y necesita solucionarse de inmediato. Cambia la perspectiva. Ponerse en el lugar del observador en vez de sentirse protagonista ayuda a verlo de otra manera, asignándole la importancia justa y encontrando una solución, por lo general, más rápidamente.

 

¿Y si sale mal?

A menudo la toma de decisiones se ve condicionada por nuestra dificultad para relativizar las cosas. A la hora de valorar las distintas posibilidades debemos pensar objetivamente en qué es lo peor que podría pasar si no hacemos lo que hay que hacer. Si no pasas a la acción nunca avanzarás y no descubrirás qué podría haber sido. Recuerda que es más frecuente lamentarse por lo que dejamos de hacer que por lo que hicimos.

 

El fin del mundo

Suena a pregunta recurrente para mantener una conversación pero es una técnica excelente para graduar la importancia de las cosas. Plantéalo de esta manera: si mañana se fuera a acabar el mundo, ¿te preocuparías por eso?

Cuando te ves bajo presión te centras en lo realmente importante. Eso te ayuda a focalizar tus energías en la búsqueda de una solución en vez de obsesionarte con el problema.

Sé consciente de la inmensidad del universo. Somos una pequeñísima parte de él. ¿Te das cuenta de la insignificancia de esa preocupación? Estos pensamientos te ayudarán a enfrentarlos con objetividad y no llevándolos a lo personal.

 

Tomarlo con humor

Además de vivir la vida con más alegría, la risa es el mejor remedio contra la ansiedad, el estrés, las preocupaciones, el enfado y la ira.

El sentido del humor se considera un analgésico natural que en pequeñas dosis facilita la liberación de endorfinas, neurotransmisores responsables de la felicidad. Por otro lado, en grandes dosis permite reducir el cortisol (la hormona del estrés) y soltar emociones reprimidas.

 

Ser positivos

Los pensamientos positivos provocan emociones positivas. Con ellas mantendrás una actitud positiva para analizar las situaciones de la mejor manera posible.

Hacer balance de nuestra vida, nos ayudará a ver cuántas circunstancias y obstáculos hemos superado, algunos puede que incluso más grandes. Curiosamente, al quedar lejanos en el tiempo y haber salido triunfantes de ellos suelen permanecer olvidados en vez de servirnos como  estímulo.

Este es el punto de partida para aprender a relativizar los problemas actuales. Aunque no siempre es recomendable comparar, en este caso sí que resulta beneficioso. Vivirás más tranquilo, vivirás mejor. ¡A por ello!


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